Reflexión del Evangelio de este domingo: ¡Feliz de ti, Pedro!

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Hno. Joemar  Hohmann, franciscano Capuchino

Celebramos la solemnidad de san Pedro y san Pablo y el Día del Papa. Pedro y Pablo, en Roma, confirmaron su fidelidad a Cristo con la sangre de su martirio y por ello, usamos el color rojo.

En cierta ocasión, Jesús preguntó lo que la gente decía sobre Él y Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús  le respondió: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo”.

Notamos que se asocian dos cosas, aparentemente paradojales: el martirio y la felicidad.

Todos buscamos afanosamente la felicidad y huimos raudamente de cualquier cosa que tenga olor a sacrificio, renuncia o martirio. Sin embargo, otro elemento se agrega para determinar la verdadera plenitud: lo que el Padre del cielo revela. Cuando una persona procura ser fiel a su proyecto, el Padre nunca la desampara y usa sus poderosos recursos para llenarla de paz.

Simón Pedro recibió este elogio de Cristo: “Feliz de ti” y deja clara la razón de esta situación, que es no poner la confianza en lo que significa “carne y sangre”, es decir, la débil fuerza humana y los riesgosos vericuetos del dinero.

Son innumerables las enseñanzas prácticas que debemos quitar de esto. Para empezar, creer, sin ninguna duda, que cumplir la voluntad de Dios es lo más seguro que una persona puede hacer en su vida. Hay que asumir como propio el proyecto que el Señor tiene para nosotros.

Para ser feliz es necesario hacer ciertas renuncias, que tienen algo de martirio. Hemos de renunciar a la excesiva farra y butifarra, a la prepotencia, al adulterio y a la indiferencia hacia las necesidades de los otros, en estos tiempos, hacia los que sufren con las inundaciones.

Abrir el corazón, humildemente, para las cosas que el Padre quiere comunicarnos, de modo especial, atendiendo las enseñanzas de la Iglesia, pues Cristo aseguró a Pedro que Él la está iluminando hasta el fin de los tiempos y, jamás las contradicciones y perversidades humanas la derrumbarán.

Dios quiere que todos seamos felices y para esto nos creó, aunque en la vida tenemos que luchar contra nuestro egoísmo y también el egoísmo ajeno.

Muchas veces, es en el silencio de nuestro corazón que el Padre hace sus revelaciones y para tanto, tengamos a cada día un momento de recogimiento y meditemos con más frecuencia en las enseñanzas de la Iglesia, usando el interesante Catecismo que tenemos a disposición.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com

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